Casa digna, vieja y solitaria, de una construcción clara y precisa, en una Montañita decadente de hostales y restaurantes chapuceros.
Iglesia de Santa Catalina de Colonche, uno de los edificios más antiguos del país, iniciado a mediados del siglo XVI, ha debido ser reconstruido en algunas ocasiones. Toda la madera es de guayacán.





Santa Elena, en este contexto, deja de ser solo un lugar para convertirse en un aula abierta. Un espacio donde la teoría se confronta con la realidad y donde la arquitectura deja de ser abstracta para volverse tangible.
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