martes, 28 de marzo de 2017

MANIERISMO Y NATURALISMO. EL ETERNO RENACER DE LA ARQUITECTURA Y SUS PERSISTENTES FORMAS DE DEGENERACIÓN - PRIMERA PARTE (1 DE 4)



Frank Gehry, manierismo posmoderno, clínica de salud mental Lou Ruvo, Las Vegas, 2009

Kunlé Adeyemi, naturalismo posmoderno, Escuela Flotante Makoko trás su colapso, unos meses después de recibir el premio León de Plata de la Bienal de Venecia en 2014
Todo lo que tengo que decir se resume en una sentencia, tanto el manierismo/formalismo como el naturalismo son el resultado de la fastidiosa ociosidad de los hombres: la pereza de conocer y hacer. Lo afirmo así, directo y claro, porque los que más lo necesitan saber son los que, si han hecho el esfuerzo inusual de comenzar esta lectura, difícilmente tendrán el ánimo de leer hasta el tercer párrafo. La falta de voluntad para empeñarse en la larga y difícil búsqueda de la verdad por sí mismos (que no quiere decir lo mismo que "crear su propia verdad”), la ineptitud e ignorancia de los que encuentran una formula fácil o un modelo a quien copiar (algún concepto más o menos trillado o alguna moda), la desagradable apatía de las muchedumbres, pero también la displicente vanidad, concluyen en alguna suerte de adulteración manierista de aquello que, en su origen, estuvo colmado de sentido.



Andrea Palladio, Villa Chiericati-Rigo (1550); Le Corbusier, Villa Hutheesing-Shodhan (1950)

“El oficio del arquitecto, como el oficio de vivir, no son más que un eterno, un inexorable recomenzar: un oficio imposible.
Existe un proceso histórico de las ideas equiparable al valor de las personalidades que lo representan: están los Maestros, quienes aún en el flujo de una trayectoria dialéctica representan hitos a partir de los cuales todo recomienza; viene luego un ejército de arquitectos de valor y condiciones culturales diferentes que establecen la conexión con los Maestros, mediante un vigoroso acto de interpretación, revisión y renovación; están los manieristas, que difunden las ideas y las transforman en costumbre; y por último los formalistas, quienes, incapaces de sentir las esencias, las vacían de sus contenidos y precipitan su decadencia.” 

Ernesto Nathan Rogers, El oficio del arquitecto, 1958.

La desidia a conducir los pensamientos más allá de lo inmediato, la pereza de abrir un libro, el repudio a la búsqueda de verdades universales, la disposición para apreciar únicamente las experiencias empíricas, el rechazo a cualquier regla, el aprecio por la arbitrariedad o por el pensamiento conceptual como expresión de la fantasía individual del "artista"; resultan en el naturalismo. Irónicamente, como dice la expresión, los extremos se juntan, porque, en su rechazo a las propiedades del otro -en la práctica- manierismo y naturalismo resultan tener muchas cosas en común.

Pregunto a un auditorio lleno, con la presencia de más de 250 arquitectos y estudiantes de arquitectura, de aquellos que tienen un verdadero interés por el oficio y, por su propia voluntad, pagan para asistir a un ciclo de conferencias, una lluviosa y fría noche entre semana: ¿cuántos de ustedes han leído el libro Hacia una arquitectura de Le Corbusier, uno de los libros de arquitectura más importantes -si no el más importante- del siglo XX? Apenas cuatro personas, entre las más de 250, levantan tímidamente la mano, tan tímidamente que sospecho que mienten. Sin embargo, si se pregunta su opinión a cualquier persona que alguna vez escuchó mencionar algo sobre Le Corbusier, está comprobado que todos tienen muchas cosas, buenas y malas (pero siempre mal informadas) que decir. Una opinión vacía de contenidos, aquello es el sostén del manierismo/formalismo.

Esta clara diferencia entre la irresponsabilidad de una opinión, generalmente bastante ignorante, y un verdadero juicio basado en el conocimiento cierto de las cosas, es el evidente síntoma de la desidia, la pereza y la vanidad que caracterizan, tanto al arquitecto en formación, aquel que desde el segundo año de carrera se siente muy seguro de poseer su propia verdad pero tiene pereza de estudiar y se escurre al fondo de la clase, como entre nervioso y arrogante, a la espera de que el profesor no le haga ninguna pregunta sobre la lectura de ese día; como al famosillo “joven emergente” que niega la necesidad de leer porque según él las cosas se aprenden “haciendo, y ya” y, por supuesto, también a los que son mayoría, y los hay de todas las edades: aquellos que sólo les interesa “hacer negocios” y “triunfar”, pero, de paso dicen estar haciendo - ¡además! - arquitectura.

Decía Ernesto Nathan Rogers que, en una ocasión, mientras viajaba con Le Corbusier, comentaban las obras de algunos de sus imitadores: Le Corbusier parecía complacerse con ellas y Rogers las denigraba. Entonces Rogers le manifestó: “sus discípulos verdaderos están entre aquellos que usted no puede individualizar en seguida al considerar las formas de la arquitectura que hacen: están entre los otros, entre aquellos que asimilaron su mensaje”. Le Corbusier guardó silencio por un momento; luego, con el tono de quien verdaderamente ha sido tomado de sorpresa, le respondió así: “Tiene razón; nadie me lo había dicho antes”, a lo que Rogers contestó: “Nadie se lo había dicho porque suponía que debía saberlo”. El valor de esta anécdota, anota Rogers, reside en que la importancia de un mensaje está en el uso que hace de él quién lo recibe y no en la intención del que lo emite. Hasta el más bello y claro mensaje se ahoga en los dominios de Hades cuando el receptor es un incompetente.

Más adelante Rogers continúa diciendo, en aquel escrito de 1956, que “entre los arquitectos se suscitaron tantos malentendidos como entre los críticos, gracias a la interpretación equívoca del efecto de un mensaje en el desarrollo histórico; muchos confundieron el verbo con la palabra y a ambos con la realidad de los hechos: de esta manera, el curso de la historia se fosilizó en prejuicios.”

En este eterno e inexorable recomenzar hubo varios maestros que, mediante grandes esfuerzos, supieron reencontrar la Arquitectura y dejaron, no sólo una obra construida admirable sino también varios escritos fundamentales. Pese a todo, en cada época, sus sucesores prefirieron hacerlo “a la manera de”, copiaron y continúan copiando o rechazando las formas exteriores de la obra de estos maestros, sin una auténtica asimilación de su mensaje.

¿Y tú ya leíste y comprendiste “Hacia una arquitectura”?

Este ensayo continúará, muy pronto, con las siguientes entregas:
PALLADIO. EL RENACIMIENTO Y LA DEGENERACIÓN DEL POSTPALLADIANISMO - (2/4)
BLONDEL. LA SUPERACIÓN DEL ROCOCÓ Y LA DEGENERACIÓN DE LA ARQUITECTURA POSTREVOLUCIONARIA DEL SIGLO XVIII – (3/4)
LE CORBUSIER. LA SUPERACIÓN DEL DESGASTADO NEOCLASICISMO Y LA DEGENERACIÓN DE LA ARQUITECTURA POSTMODERNA – (4/4)



jueves, 23 de marzo de 2017

Arquitectura, sinfonía silenciosa

La arquitectura está para transformar en hechos sensibles la poesía silenciosa de Dios.



Marzo 21 de 2017: El día y el momento en que unos rayos de luz provenientes del centro geométrico del Sol, dirigidos hacia el centro geométrico de la Tierra, se encuentran con el centro geométrico del Hogar Primitivo, y adornan la sala de estar, mientras los hombres permanecemos, imperturbados, en los diarios ajetreos de nuestras modestas vidas.

Equinoccio ecuatorial: Sol y Tierra se han reunido en el sitio de la hoguera, en el foco sagrado del altar doméstico. El eclípse del cuadrado en el círculo y del círculo en el cuadrado -amarillo en azul y azul en amarillo- colores opuestos/complementarios que forman el verde. Esmeralda es la vida sobre la Tierra bajo la aurea luz del Sol. 

Un espacio de planta central, organizado alrededor del fuego crepitante, fue, en los albores del tiempo, la morada distintiva de los seres humanos y un artefacto fundamental para su evolución y supervivencia. Este tipo de vivienda primitiva, tan antigua como el hombre, es el nido singular de la especie humana.

José Miguel Mantilla





Un fragmento del Poema del Ángulo Recto, a propósito del equinoccio en el Hogar Primitivo:

La Maison Fille du Soleil (La Casa Hija del Sol)

Comme sont unis par léxactitude
les nègres de Harlem
ne se touchant pas mais
à des distances en chaque
seconde différentes
De même
dans la Terre et le Soleil
la danse des quatre saisons
la danse de l'anne
la danse des jours de
ving-quatre heures
le sommet et le gouffre des
solstices
le plaine des équinoxes
L'horloge et le calendrier
solaires ont apporté à l'architecture le "brise-soleil"
installé devant les vitrages des
édifices modernes. Une
symphonie architecturale
s'apprète sous ce titre:
"La Maison Fille du Soleil"

La Casa Hija del Sol

Tal y como la exactitud une
a los negros de Harlem
sin tocarse pero a distancias a cada
segundo diferentes
Igual
danzan la Tierra y el Sol
la danza de las cuatro estaciones
la danza del año
la danza de los días de
veinticuatro horas
la cumbre y el abismo de los solsticios
la llanura de los equinoccios
El reloj y el calendario
solares le han dado a
la arquitectura el "rompe-sol"
instalado ante las cristaleras de los edificios modernos. Una
sinfonía arquitectónica
se presta bajo el título:
"La Casa Hija del Sol"



Le Corbusier. (2006). Le poeme de l'angle droit. Madrid: Círculo de Bellas Artes.

jueves, 16 de marzo de 2017

Lo inmediato, lo útil y lo necesario por sobre lo bello

Gracias a la re-lectura, después de diez años, de Eupalinos o el arquitecto, cuya reseña estoy preparando para la próxima entrada del blog, llegué a un escrito de Gilles Ivain (de 1953) del cual copio esta parte que me pareció importante PROPAGAR:


"Una enfermedad mental ha invadido el planeta: la banalización. Todo el mundo está hipnotizado por la producción y el confort -desagüe, ascensor, baño, lavadora. 
 
Este estado de cosas que nace de una rebelión contra la miseria supera su remoto fin -la liberación del hombre de las inquietudes materiales- para convertirse en una imagen obsesiva en lo inmediato. Entre el amor y el basurero automático la juventud de todo el mundo ha hecho su elección y prefiere el basurero. Se ha hecho imprescindible una transformación espiritual completa, que saque a la luz deseos olvidados y cree otros completamente nuevos. Y realizar una propaganda intensiva en favor de estos deseos."

jueves, 9 de marzo de 2017

Buscar la verdad, por ti mismo, no es lo mismo que buscar "tu propia verdad"

ORTODOXIA 
Apuntes para una breve charla sobre el ethos de la arquitectura

En una entrevista publicada en Conversaciones con Mies van der Rohe está escrito que, cuando Mies trabajaba para Peter Behrens, entre 1908 y 1911, sin contar con una educación arquitectónica formal, quería entender qué era la arquitectura y se lo preguntó a alguien. Esa persona le contestó: “¡Olvídalo! ¡Simplemente trabaja! Lo averiguarás más tarde por ti mismo”. Mies pensó: “Ésa es una buena respuesta a mi pregunta; pero yo quería saber más, averiguar más. Ésta es la razón por la que leía, por ninguna otra (…) Así que leí mucho. Me compré todos esos libros y pagué por ellos. Leía cosas de todos los campos (…) Me interesaba la filosofía de los valores y los problemas del espíritu. Me preguntaba repetidas veces: ¿Qué es la verdad? Hasta que me topé con santo Tomás de Aquino y encontré la respuesta”. (Blake & Peter, 2006, pág. 52).

La cultura arquitectónica contemporánea (expresada a través de las bienales internacionales, de las publicaciones, de los premios Pritzker, de los diversos enfoques educativos en los centros de enseñanza de la profesión y, especialmente, en las manifestaciones de la producción arquitectónica alrededor del mundo) parece una gallina decapitada que, errante y ofuscada, corre de un lado de la plaza pública al otro con la esperanza de hallar, en su ciega huida hacia adelante, lo que de hecho ha sido arrojado atrás. Cada movimiento alternativo, primero hacia un extremo, después hacia el contrario, se sostiene sobre la promesa de liberar a la arquitectura de las desgastadas normas del periodo inmediatamente anterior para "re-descubrir" algo, nada nuevo ni necesariamente mejor, pero sí obligadamente distinto y excluyente de cualquier atributo que poseyera la fase previa. Si el nuevo realismo social y ecológico de la arquitectura contemporánea (2008-2017) surgió en oposición a la era manierista de los “starchitects” (1997 a 2010) y a las exuberancias del de-constructivismo (1980 a 1997); este, a su vez, surgió en respuesta al neo-racionalismo (1970 a 1980), que surgió como respuesta al posmodernismo (1957 a 1967), que surgió como respuesta al modernismo (1927 a 1957), que surgió como respuesta al academicismo neoclásico, que surgió de la mediocridad cultural producto de las "revoluciones burguesas" del siglo XIX.

Además de formar parte del predecible y cansino meneo estilístico de los últimos noventa años, hay algo adicional que todos estos “movimientos” arquitectónicos, formulados sobre diversas "verdades propias" y alentados por las empresas editoriales y las escuelas de arquitectura, tienen en común: su condición de HETERODOXIA frente a una distante tradición, tan lejana que ya ni se recuerda en qué consistió y por qué, en algún momento, nos dejó de parecer apropiada.

Frente a la anomia de la cultura arquitectónica contemporánea surge la necesidad inaplazable, a mí parecer, de volver nuestra atención hacia la remota, vieja y olvidada ORTODOXIA arquitectónica, único suelo firme sobre el cual refundar nuestro oficio.


BREVE RESEÑA DE LAS IDEAS DE LO BELLO, DEL ARTE Y DE LA ARQUITECTURA EN LA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA DEL ARTE

(AUTOR y Bibliografía mínima recomendada)

PITÁGORAS – PLATÓN 427-347 a. C.; Timeo, Fedro, El Banquete, Fedón

Si queremos regresar a los inicios de lo que hoy en día llamamos arquitectura en aquellas partes del mundo donde empleamos esta palabra (en occidente, si se quiere); la filosofía de la arquitectura, como parte de la filosofía del arte, como parte de la filosofía general, da una particular importancia a un libro de Platón llamado El Timeo (360 a.C.). En el Timeo, Platón expone su cosmología: un relato sobre el origen y la estructura del Universo a partir de las enseñanzas de la tradición pitagórica. Un ejemplo, simplemente para ilustrar la importancia que este libro tuvo en la historia del arte, es que, entre los más de cincuenta filósofos y otros personajes representados en el cuadro “La Escuela de Atenas”, pintado por Rafael en los primeros años del siglo XVI, Platón, ubicado en el centro del cuadro y señalando al cielo con la mano derecha, carga consigo, en su mano izquierda, el Timeo.

Del Timeo podemos señalar brevemente los puntos más relevantes, en esta sucinta reseña, desde el interés de la filosofía de la arquitectura:

La triada del mundo físico. La concepción de que todas las cosas están compuestas de tres elementos, creados y posteriormente mezclados entre sí por el Demiurgo . Estos tres elementos corresponden a las ideas contemporáneas de la mente, el cuerpo y el espíritu que podemos considerar que poseemos las personas y, en distinto grado, las cosas. La verdad, la bondad y la belleza serán los ideales humanos que surgieron de esa concepción platónica del mundo.

Dice en el Fedro: “Lo divino es belleza, sabiduría, bondad y cosas semejantes; por estas las alas del alma se nutren, y crecen rápidamente.”

La definición de arquitectura de Le Corbusier “la arquitectura es el juego sabio correcto y magnífico…” parte de esta concepción platónica del Universo y de su correlación con el conocer, el obrar y el sentir humanos. (ver Sabio, correcto y magnífico. Hacia una arquitectura del intelecto de la voluntad y de la emoción)

Otro punto destacable del Timeo, para el tema que hoy nos concierne, son los atributos de la harmonía formal, la explicación del orden matemático/geométrico del Universo. La belleza es la manifestación, en el mundo físico/fenoménico, de un “acuerdo” entre las tres instancias de la existencia y, en la idea del Arte, el principio de ese acuerdo (harmonía) es el número, la medida y la razón geométrica.

Seis siglos más tarde, las ideas platónicas conservan su vigencia como se puede advertir en la obra de Plotino. En las Enéadas, la tríada del mundo físico es explicada por éste filósofo griego en los siguientes términos:

“De lo Uno proviene la Mente, de la Mente proviene el Espíritu, el Espíritu forma y entra en el cuerpo. El mundo del cuerpo -o la naturaleza- manifiesta un orden y harmonía que por sí misma es una emanación de lo Uno."

En cuanto al arte y a la belleza Plotino escribe:

“La obra de arte es un símbolo de la harmonía del cosmos”

“Donde ha entrado la Idea/Forma, se han agrupado y coordinado aquello que en la diversidad de partes deberá ser una unidad: se ha cambiado confusión por cooperación: se ha hecho de la suma una coherencia harmoniosa: porque la Idea es una unidad y lo que se forma debe resultar en la unidad más alejada posible de la multiplicidad." (ver Lo Uno y lo múltiple y El manifiesto de la esfera)

“La harmonía de las proporciones en el Arte despierta el espíritu a la conciencia de lo bello, las medidas de lo sensible están determinadas por el principio según el cual la materia debe dominarse para la manifestación del orden."

Sobre lo material, Plotino dice: “debe observarse que la piedra traída por la mano del artista a la belleza de la forma es bella no como piedra sino en virtud de la forma o idea introducida por el arte. Esta forma no está en el material, se encuentra en el autor antes de ser traspasada a la piedra y a pesar de la resistencia del propio material."

Acerca de la arquitectura, el filósofo se expresa diciendo: “¿De acuerdo a qué principio el arquitecto, cuando observa una casa que corresponde con su idea de casa dice que es bella? ¿Es acaso que la casa en frente suyo es la idea interior manifestada en el volumen de materia exterior, la unidad manifestada en la diversidad?

AGUSTÍN DE HIPONA 354-430; De ordine, la búsqueda de la belleza; Sobre la música

Con San Agustín el estudio de lo bello adquiere un enfoque nuevo, desde la fe del cristianismo. Más allá del cambio de enfoque, sin embargo, no existen mayores contradicciones hacia las tradiciones estéticas anteriores. El pensador cristiano se enfrenta a los mismos problemas del pagano: ¿qué es lo bello?, ¿cuál es el sentido y el objeto del arte?, ¿cómo se pueden evaluar sus creaciones?; y sus respuestas no difieren sustancialmente a las de las épocas precedentes.

El objeto supremo del arte es la manifestación de lo Bello. En el placer de los sentidos lo que se define como bello es aquello en lo que la harmonía de las partes es razonable, es decir que existe una cierta medida rítmica.

Dice de la arquitectura San Agustín: “Si observamos con atención las partes de un edificio, no podemos sino sentir desagrado porque vemos una puerta a un lado y otra hacia el otro lado y situada casi, pero no exactamente, en el centro. En las cosas construidas, la falta de harmonía entre las partes incuestionablemente parece afectarnos como si causaran una herida en nuestra visión. Pero el hecho de que tres ventanas bien dispuestas en una habitación distribuyan la luz en intervalos iguales dentro del cuarto de baño – de qué modo eso nos complace de manera que no necesita ser explicado en muchas palabras. En su propia terminología, los arquitectos llaman a esto “plan” y dicen que si las partes no se encuentran debidamente dispuestas entonces se hallan carentes de un plan”.

"En el dominio de lo visible la razón comprendió que nada lo placía tanto como lo bello, y en lo bello, la igualdad, y en la igualdad, dimensiones, y en las dimensiones, el número. Las cosas bellas nos complacen por la proporción. Nada puede ser proporcionado o rítmico sin igualdad. En todo lo amado el espíritu no busca más que la igualdad y la similitud."

"El número, la base del ritmo, empieza en la Unidad. Posee belleza por igualdad y similitud, y posee orden. Todo lo natural requiere orden. Todo es debido a la suprema y eterna determinación del ritmo numérico, similitud, igualdad y orden. Si la determinante de una estructura matemática fuera retirada de la tierra, no quedaría nada. Claramente Dios en los inicios, hizo la tierra a partir de la nada."

"Entonces, sin ser precipitado, podrá buscar lo divino, no únicamente como verdades para conocer pero también como objetos para ser contemplados, comprendidos y recordados."

"¿Por qué habría de reunirse algo si no fuera con el objeto de convertirse en Uno, tanto como fuese posible? Por eso, tanto en el análisis como en la síntesis, es lo Uno lo que amo."

Arquitectura: “De múltiples piezas de material que hasta ahora se encontraban regadas de manera dispersa, mediante un plan, construiré una casa”.

INMANUEL KANT 1724-1804; Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y de lo sublime; Crítica del juicio

Más de mil años más tarde, con Kant, en el siglo XVIII, se da nuevamente un cambio de enfoque con respecto a la opinión de los filósofos anteriores. Ahora el cambio de enfoque se produce desde el interés por el objeto de la emoción estética, lo bello, hacia el sujeto de la emoción estética, el juicio de lo bello. No existen, sin embargo, contradicciones fundamentales en las observaciones de Kant con respecto a las teorías estéticas de sus predecesores.

Leamos algunos de los enunciados de Kant respecto a lo bello, al arte y a la arquitectura:

Arquitectura: "El artista debe producir un objeto que satisfaga el propósito particular del arte pero también simultáneamente debe responder el propósito estético general que satisface el gusto. Un arquitecto deberá crear un edificio que responda al uso pero que al mismo tiempo sea bello."

Con Kant no se funda tampoco una relativización del arte y de lo bello, él habla de una validez universal subjetiva y para esto distingue lo placentero, de lo bello y de lo bueno; y hace una diferenciación entre lo bello y lo sublime.

La comunicabilidad Universal del juicio estético del sujeto es una prueba de la existencia del valor estético en el objeto. No es el placer, sino la validación universal de ese placer, mentalmente encadenada al juicio sobre el objeto, lo que determina a priori la validez de ese juicio empírico.
 
Que yo perciba y juzgue un objeto con placer puede ser no más que un sentimiento empírico, pero es un juicio a priori que lo encuentre auténtica y desinteresadamente bello y considere que aquel juicio posee valor universal.

GEORG WILHELM FRIEDRICH HEGEL 1770-1831; Lecciones de estética
 

La belleza es la expresión sensual de la Idea, es todo lo que representa lo eterno siendo temporal. Lo bello es una duración limitada de lo eterno. El arte busca la belleza que es un medio de expresión de la verdad.
 

“El carácter fundamental del todo y de sus simples particularidades, aparece de modo más neto a través de todas sus partes y domina la individualidad de la forma. La sustancia general domina los elementos contingentes y particulares que constituyen su expresión viva”

JOHANN WOLFGANG VON GOETHE 1749-1832; Escritos de arte, El viaje a Italia y La metamorfosis de las plantas
 
Arquitectura: “Si la actividad constructiva quiere llegar a merecer el nombre de arte debe, además de lo necesario y lo útil, producir objetos sensuales y armónicos. Aquí entra en juego la difícil y complicada doctrina de la proporción que dota de carácter al edificio y sus diversas partes.”
 

Y esta otra sentencia, acorde a estos tiempos en los que se vive la pasión por lo rústico, lo descuidado y lo pobre, como si fueran valores estéticos a emular:
 

“Mientras que sólo se tenga como objeto el fin más inmediato y el material domine más que sea dominado, no se puede hablar de arquitectura”.
 

J.W. Goethe, en Arquitectura (1795)

ARTHUR SCHOPENHAUER 1788-1860; El mundo como voluntad y representación
 
Schopenhauer consideraba que la arquitectura era un arte pero no tan noble como la música al estar demasiado condicionada por el mundo. Contra la explicación utilitaria de la arquitectura escribió, por ejemplo, que
 
“A diferencia de las otras artes, las obras de arquitectura son pocas veces ejecutadas únicamente por razones estéticas puras. Normalmente estas se hallan subordinadas a otras finalidades utilitarias que son ajenas al arte en sí. Es por esto que el gran mérito del arquitecto consiste en lograr y alcanzar los más altos fines estéticos a pesar de la subordinación hacia otros fines ajenos a estos.”
 
“La forma de cada parte de un edificio no puede ser determinada de manera arbitraria sino en su relación con el todo (…) La belleza de un edificio cosiste en la adecuación de cada parte (no a la finalidad arbitraria de las necesidades del hombre) sino directamente a la estabilidad del conjunto, dentro de la cual la posición, la dimensión y la forma de cada parte debe ser tal que si algo se retirara o añadiera el todo quedaría destruido”

JOHN DEWEY 1859 –1952; Arte como experiencia
 
En años relativamente más recientes, John Dewey, el filósofo norteamericano más importante de la primera mitad del siglo XX, fundador del pragmatismo y las teorías del conocimiento basadas en la experiencia, a pesar de sus críticas al enfoque clásico -idealista- sobre el conocimiento, mantuvo una posición no contradictoria con las teorías estéticas tradicionales.
 

En Arte como experiencia Dewey reclama la necesidad de introducir el arte, la emoción estética, en las experiencias cotidianas (en la vivienda por ejemplo). Dice que la idea común de que el arte se encuentra únicamente en los museos lleva a una sociedad, hambrienta de emoción estética, a satisfacerla en lo chabacano y lo vulgar.
 

CONCLUSIONES
 

Para terminar quiero puntualizar que, este brevísimo (casi irresponsable) resumen de la historia de la filosofía de la arquitectura, como parte de la filosofía del arte, no es más que una muy reducida muestra de la historia del pensamiento estético en occidente, en dónde lo que se debe destacar es la permanencia, la continuidad y la coherencia en lo que concierne a los enunciados fundamentales de esta tradición, a lo largo de más de dos mi años. Esto no sucede en otros ámbitos de la filosofía, como en el de la política o en el de la ciencia, donde los fundamentos filosóficos se han modificado sustancialmente a lo largo del tiempo. En la historia de la filosofía del arte en cambio, los puntos de vista se alteran, como es de esperarse, pero los principios fundamentales permanecen: las ortodoxas concepciones de lo bello, del arte y de la arquitectura. Parece que allí mismo ha estado todo este tiempo, con sus grandes ojos bien abiertos, la cabeza de la gallina aturdida.





 

BIBLIOGRAFÍA


Blake, P., & Peter, J. (2006). Conversaciones con Mies van der Rohe. Certezas americanas. (M. Puente, Ed.) Barcelona: Editorial Gustavo Gili, SL.
Hofstadter, A., & Kuhns, R. (1964). Philosophies of Art & Beauty. Selected Readings in Aesthetics from Plato to Heidegger. Chicago: The University of Chicago Press. Traducción de los fragmentos seleccionados: JMM
Poe, E. A. (2009). Escritos sobre poesía y poética. Madrid: Ediciones Hiperión, S. L.
Semper, G. (2014). Escritos fundamentales de Gottfried Semper. (A. Armesto, Ed., & M. G. Roig, Trad.) Barcelona: Fundación Arquia.

El irresponsable mensaje del neoempirismo